Todos sabemos que para vivir una vida sana y para que nuestra vida sea más larga y mejor tenemos que hacer dos cosas muy sencillas: comer balanceado y hacer algo de ejercicio físico. Pero incluso cuando vamos a los extremos de pensar en simplemente no comer postres todos los días o no comer frito más de una vez por semana o salir a caminar o andar en bicicleta a algunas personas puede parecerles demasiado. Hay muchas personas que disfrutan mucho de la comida, de salir a comer, de los aperitivos, del alcohol o de otras cosas que pueden dañar nuestro organismo. Todo en su justa medida puede hacernos bien, pero mucho de lo que sea es probable que nos haga mal, incluso de lo más sano de todo.
Al principio de cada mes son cientas las personas que se anotan a un gimnasio y que incluso pagan la cuota para empezar a ir pero después de una clase y de ver cuán fuera de estado están, en vez de seguir yendo desisten. A final de mes menos de la mitad de las personas nuevas que se inscribieron seguirán allí. Si compartimos nuestras rutinas de ejercicios con otras personas es mucho más probable que las cumplamos. Si salimos con un amigo, familiar, vecino, etc. a correr, caminar, andar en bicicleta, o usamos aparatos como el Energym, etc. es mucho más probable que lo hagamos seguido y que nos esforcemos un poco más.
Durante la realización del ejercicio aeróbico, el organismo utiliza una gran cantidad de oxígeno como combustible, produciendo adenosín trifosfato (ATP), el cual es el principal elemento transportador de energía para todas las células. Inicialmente, durante el ejercicio aeróbico, el glucógeno se rompe para producir glucosa sin embargo, cuando éste escasea, la grasa empieza a descomponerse. Este último es un proceso lento, y está acompañado de una disminución en el rendimiento. El cambio de suministro de energía para acabar dependiendo de la grasa causa lo que los corredores de maratón suelen llamar “romper el muro”
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